sábado, 26 de diciembre de 2009

Teatro, vagones y misterios, ¿o se puede tener dos veces el mismo sueño?




Y esto lo soñé en octubre del 2008 y por razones que no puedo imaginar, anoche también:

Soñé con Mercedes Lozano, tenía un taller de teatro en Letras, supongo que era en Letras, aunque el lugar de ensayo parecía más una mezcla entre un enorme vagón de tren y la sección más amplia de un loft sin restaurar. El espacio era soberbio. En el taller había un grupo como de veinte personas. Nidia  Vincent andaba por ahi rondando, por cierto y por supuesto, no me imagino un taller de teatro en Letras sin Nidia.

En algún momento nosotros visitábamos a Meche en su taller, y yo le decía que habíamos ido por ella para dar un paseo, así que entrábamos a esa especie de loft-vagón de tren montados en un chevrolet de los cincuenta, un coche negro tipo Dick Tracy, amplísimo por dentro, tanto que delante de nuestros asientos había una mesita de centro donde nos habían servido un café con galletas. No había nadie que la hiciera de chofer, sólo estábamos Roberto, ella y yo; Mercedes nos contaba sobre la obra de teatro, los actores, los detalles del vestuario y la iluminación.

Ya no sé si la obra que me contaba y lo que sigue era lo mismo, pero supongo que sí. Ahora que lo pienso y que lo pongo en palabras  me doy cuenta de que todo era una puesta en escena.

Mientras tomábamos el café dentro del chevrolet Meche relató que una vez hace muchos años había ido a buscar a Marito Muñoz a un aeropuerto después de uno de sus viajes por tierras eslavas, Marito traía consigo una especie de maletín negro como de médico, of course my horse su paraguas y su abrigo largo.

Mientras cuento esto imaginen que dentro del vagón se montaba un pequeño aeropuerto, tramoyistas subían y bajaban a través de las paredes y los pilares del loft, las alas de un avión echas de cartón se desplegaban a mitad del escenario y  se deslizaba una escalera con rueditas de donde bajaba un joven muy esbelto personificando a Mario Muñoz...

El maestro Mario estaba especialmente receloso con cualquier gesto de Meche por ayudarle con el maletín, así que ella puso especial atención a eso y olvidó preguntarle sobre el viaje. En algún momento el maletín comenzó a tener un comportamiento extraño, cambiaba constantemente de lugar, de color, de dimensiones incluso.

Los tramoyistas hacían pruebas con diversos maletines que aparecían y desaparecían de escena, algunos de ellos eran maletines reales, otros hologramas, otros más simples dibujos en la pared o artificios de tecnología más refinada.

Mechita no terminó el relato porque habíamos llegado a nuestro supuesto destino y no tengo ni idea de cómo ni a qué horas. Ahora estábamos en el jardín de su casa, yo descendía del chevrolet  y me encaminaba hacia la vista de los árboles del barranco, mientras tanto Roberto entraba a la casa y Meche no sé donde estaría cuando de pronto junto a mí aparecía el maletín de Marito, yo me ponía nerviosa y quería abrirlo sin más, moría de curiosidad, miré y a todos lados y me encontré sola con el maletín, entre el barranco y la casa había más distancia que la que hay en la realidad, veía a los lejos y como figuritas pequeñas a Meche y a Roberto instalándose en la terraza; cuando por fin me decidí estaba sentada en una butaca del auditorio de Letras.

En el escenario un joven Mario Muñoz liberaba los seguros del maletín de médico para revelar el misterio y un suspense se respiraba entre el público, pero yo ya no me fijaba ahora en eso sino en el verdadero Mario Muñoz que estaba sentado en las filas delanteras, hacia la derecha, donde suele sentarse siempre, y junto a él había un pequeño ser con la piel púrpura/violeta harto conocido por mí, sonreía, creí  en ese momento que era un juguete o una especie de marioneta, hasta que giró el perfil y notó que yo también lo miraba.

4 comentarios:

Momo......!!!!! dijo...

Mi nave!!! Beltenebr's....

Martha dijo...

jajaja, efectivamente brother, ¡¿cuál más?!

leonnoesferoz dijo...

Lo del tren, coche, aviones pueden tener un trasfondo de libertad, viajes..el cólor violeta es espiritual, lo del teatro ¿ el teatro del mundo quizás?
Tienes razón Martha, qué bello es descubrir a una persona a través de los gestos de su cuerpo. Ayer mismo lo observé en una chica que conocí,que elegancia y savoir faire transmitía.
Lo de ir a México se me hace un poco difícil ahorita pero te aseguro que en cuanto tenga la ocasión...
Un beso muy fuerte desde Bilbao, cerca de laredo.Feliz entrada de año. Yo güera.

Martha dijo...

Jajaja, hola "güera", definitivamente estás bien mexicanizada! Me encanta! Besos a mis paisanos, qué envidia, qué manera de iniciar el año: en tu compañía! Besos!