martes, 7 de julio de 2009

La casa de uno



La casa de uno es la misma cuna dormida
de la infancia más remota,
el suelo blando que sostuvo antes
la torpeza de los pasos.
El cuerpo es el cofre y sus cerraduras todas,
la casa trasatlántico,

roca en la mar
a salvo de naufragios.
En el bolsillo junto a la arteria femoral
la contraseña de un cerrojo,

abracadabra de un puerto a buen resguardo.

Personas y plantas y libros y cuadros,
ladrillos de argamasas invisibles

abrazados en desorden erigen las cimientes.

Memorias lo mismo de álbumes de fotos desgajadas,
tristes días de luto, adultos plenos de gozo,

días de reyes magos, portazos como aplausos.

La casa de uno es un desplegarse de alas
de las cosas rancias

recién sacadas de un celofán perpetuo

la ropa antigua de nuevo remendada,

el lustre de los zapatos.

Yo me traje una silla hacia una esquina de la casa,
la misma casa y cuna de otros tiempos

que no veré sino en el sueño más profundo.

Me hice a un lado, dejé que los objetos se saludaran,
se dieran la bienvenida.

A sus anchas invadieron los espacios.

Pronto han puesto la mar sobre el desierto,
tendido las camas, lavado los platos.

Pronto colocaron nostalgias en las cortinas

y la luz se traspasa por un filtro de añoranzas.


Flota la casa.
Levantado el ancla de su herrumbre,

navegamos...

Martha Ordaz

4 comentarios:

chanclas dijo...

Martha, como de costumbre,tu reflexión hace reflexionar. La música que la acompaña invita a seguir y seguir en tu blog.Lastima de este tiempo con urgenciasen el que vivimos. Un saludo

Unknown dijo...

Hola amigo, muchas gracias por pasar por acá; yo con muchas ganas de visitar Cantabria, ojalá pronto, por ahora estoy en México, un abrazo.

leon no es feroz dijo...

Precioso el poema, el s4entimiento tan hondo...Seguro que tu hogar fisico y espiritual es acogedor y alegre. Qué sueret poder escribir así! Qué talento! Estas invitada a mi casa Martha! Besucus

Unknown dijo...

Gracias Carmen, mi hogar espiritual creo que es el corazón de mi padre, mi hogar físico no existe, o no está pues en las paredes nada más, creo que la casa de uno es uno mismo, la memoria, los afectos, algo que no se puede fijar en coordenadas, eso creo; de momento mi casa está lo mismo en España, en la costa del Sol de la que me quejo sin parar, en el Sotavento veracruzano, en Xalapa, en México, D.F., incluso en sitios donde nunca he puesto un pie como Finlandia, Praga, Berlín.